31 / miércoles - octubre de 2018

Semana 44. 304/61
Quintín.

Las antiguas culturas grecorromanas consideraban indigno el trabajo de los hombres libres; el factor que lo distinguía de otras actividades más “nobles” era el esfuerzo físico. Ni siquiera la agricultura, principal fuente de recursos de la época y, por tanto, considerada como una actividad importante -y hasta cierto punto respetada-, recibía mayor prestigio que otras tareas de la época. Sin embargo, la labor de arquitectos o escultores era altamente apreciada porque, si bien requería de un esfuerzo físico, acababa en complejas obras dignas de admiración, mientras que el “quehacer intelectual” no se consideraba un trabajo real, pues no implicaba sufrimiento o malestar.

Si revisamos su definición, trabajo es «la actividad física o intelectual que se realiza continuadamente para producir algo»; la «actividad con la que uno se gana la vida» o la acción que se realiza «con gran esfuerzo, con dificultad». Así, el trabajo es «un mal necesario», y si nos remitimos a su etimología encontraremos que proviene del latín tripaliare, ‘torturar’, y deriva del latín tardío tripalium, ‘tres palos’, instrumento empleado en el Imperio romano para inmovilizar caballos y ganado al momento de herrarlos o curarlos, y que después también fue usado para amarrar a los esclavos que serían azotados.

Esta asociación del trabajo con actividades obligatorias y cansadas se extiende a otros idiomas: la palabra equivalente del francés, travail, comparte la misma raíz latina que implica una labor indigna y dolorosa; en el inglés, work, viene de la palabra del inglés antiguo wyrcan, derivado del germánico común wurkijana, ‘hacer’, y del gótico germánico wrikan, ‘persecución’; mientras que el término checo rabota (del que también deriva robot) habla de los trabajos forzados de la servidumbre y de los esclavos. Aunque “trabajo” como palabra apareció por primera vez en el siglo XII, según el lingüista francés Alain Rey, en México hay otras formas de llamarlo. Chamba, por ejemplo, tiene origen en la década de 1940 con los mexicanos que emigraron a los EE.UU. buscando ser contratados en labores agrícolas; éstos acudían a la Chamber of Commerce a solicitar trabajo y, debido a su mala pronunciación del inglés, decían: «voy a la chamba», es decir, a la oficina de la Chamber. En un principio, chamba se usaba para referirse a aquellos trabajos informales o mal pagados que no requerían especialización —lo que ahora es una chambita— pero ahora es sinónimo de cualquier tipo de labor.

Otra palabra usada sobre todo en el norte de México, es jale o jalar. Durante el Porfiriato, el trabajo minero era muy solicitado y consistía en ir a jalar cuerdas con poleas para sacar material de la mina o ayudar a las bestias de carga a jalar. Otro probable origen proviene del náhuatl xalli, que significa ‘arena’ y hace alusión a los montículos acumulados como desperdicio fuera de la mina, dando origen a la expresión: «vamos al jale». ¿Coincidencia?

En España se usa currar para referirse al trabajo de cualquier índole, o al esfuerzo realizado para conseguir algo: «todo lo que tengo, me lo he currado», «no aceptaré un curro mal pagado». La palabra proviene del caló gitano, que a su vez lo adoptó del sánscrito krnoti, ‘hacer’. Mientras que en Argentina es laburo, que viene del italiano lavoro. Con todo lo anterior, no es casualidad que la palabra «trabajo», establecida en diversas culturas como un sinónimo de esclavitud y dolor físico, siga grabada en nuestra memoria histórica como una actividad obligatoria e incluso molesta, tanto que hasta pagan por hacerlo.
.- Todos los capítulos de Tantos hombres y tan poco tiempo.

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